Existen sindicatos independientes. Hoy, que casi es increíble que sobrevivan los de clase. Entrar a analizarlo nos llevaría mucho tiempo y seguramente bajo el corsé del ensayo gris y sesudo. De momento bastaría decir que estos sindicatos se han convertido en grandes “empresas” que buscan beneficios por encima de todas las cosas, ya sea honestamente o de dudosa procedencia. “Empresas” cuyo primer objetivo debiera ser defender los derechos de los trabajadores. Pero es todo lo contrario, pues siguen recibiendo anualmente del Estado subvenciones millonarias y para ello han de arrodillarse sin complejos ante el gobierno de turno.